CENIZAS PARA EL VIENTO HERNANDO TELLEZ PDF

Romanticismo augusto royendo nuestras espaldas. Novelas como viento seco, calle diez entre otras, son novelas testimoniales de la Violencia. Sus autores, de liberales profesiones, tomaron iniciativa y delantera a sus colegas de mayor trayectoria y prestigio. Mejor quedarme quieto. Vine para comprobarlo.

Author:Grotilar Moogulkree
Country:Grenada
Language:English (Spanish)
Genre:Science
Published (Last):11 May 2008
Pages:313
PDF File Size:11.80 Mb
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ISBN:947-8-76068-204-8
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No es esta la palabra. Soy menos que un criminal: un homicida. Un criminal, un asesino, es diferente. Por eso soy un hombre desgraciado.

Probablemente hay entre ustedes muchos que no lo saben. Los felicito. Pero todo esto es muy confuso. Ustedes perdonen. Pero aquello fue tan absurdo. Tan absurdo y tan sencillo. Pero no, este no es el orden del relato. Desde luego, yo fui el responsable de todo. Seguro que la conocen. Me daba horror el mirarla. Es la verdad. Un fratricida. Y yo lo hice. No puedo negarlo. Las palabras de mi madre me dieron el impulso, la fuerza necesaria.

Y las madres son algo sagrado y misterioso. Las madres lo toman a uno en sus brazos, a veces, y a veces lo rechazan. Y las madres dicen, a veces, palabras terribles y a veces palabras dulces. Y amenazan. Y se encolerizan.

Y lloran. Y nos besan y nos acarician y nos aman y nos odian. Es como andar por un valle ondulado. Un balbuceo de vida. El en su cochecito y yo al lado, cerca de la baranda. No consigue borrarlas. Otras se pierden, como si fueran a dar realmente al fondo del mar. Lo que importa es lo otro. Y alguien hubiera venido seguramente. Todo esto ha quedado fijo en mi memoria. Pero mi madre no ha debido decir esas palabras. Olas que se van y que regresan, que no acaban de irse, que no acaban de volver.

Pero el mar es una cosa fascinadora. Uno, dos; uno, dos; uno, dos. La ola va, la ola viene. Los resortes del coche sonaban pautadamente. Como las olas. Como el mar. Un llanto total y absoluto, rabioso e irremediable. Y la criatura no cesaba. Sobre la cubierta, nadie. Voy a correr. Como un guardia marino. Voy a arreglar bien mi gorra. De lado, como los verdaderos marineros. Uno, dos, tres; uno, dos, tres; uno, dos, tres. No llores, no llores. Eso es, eso es. No importa. No llores, nene, no llores, por favor.

Mira, mira el mar. Pero no llores, por Dios. No pesas nada, hermanito. Eres como una pluma. Silencio, hermanito, silencio. Cuidado con esa silla. Adelante, adelante. Ya llegamos.

Voy a castigarte. No, hermanito. Hay algo mejor. Ya me acuerdo. Eres malo. Muy malo.

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Yo estaba repasando sobre una badana la mejor de mis navajas. Pescamos a los principales. Tuvimos que internarnos bastante para dar con ellos. Ciertamente yo estaba aturdido.

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Un chico muy inquieto desde el comienzo. Se hallaba de pie, a un metro de distancia del visitante. Era un buen sitio para verlo ondeante, verdeante con todas sus espigas, cuando el viento soplaba. Y con uno de los pies, forrado en un zapato polvoriento, amontonaba contra el otro un poco de tierra fina, hasta formar un montoncito que luego apisonaba con la suela cuidadosamente. El hiquillo jugaba con el cuello de la madre, tratando de hundir los dedos en esa blandura. Y el hombre se hallaba visiblemente desconcertado.

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Romanticismo augusto royendo nuestras espaldas. Mostrar, expresar, contar y como en claroscuro amarguras y derrotas. Mejor quedarme quieto. Y gobierno, unas veces, y otras sin uniforme. Vine para comprobarlo. Pero ello? Pues nada.

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